10 de octubre de 2013

El Percance de Nicki, Primera parte.

Como quedó prometido, tenemos una nueva historia de autobondage para todos ustedes. Tendremos la segunda mitad la próxima semana.

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El percance de Nicki

por


Steve Spandex

 
Nicki Volteó a ver sobre su hombro desde su posición en el segundo piso de su casa, su mirada pasó entre las barras de la escalera y se dirigió al piso alfombrado de abajo. Allí, inconfundible, estaba el pequeño objeto de metal plateado que hace apenas unos segundos se le había escapado de sus dedos y que ahora estaba a aproximadamente cuatro metros debajo de ella. Pero para ella no había diferencia si eran cuatro metros o un millón, pues no había ninguna manera de que pudiera alcanzar esas llaves, y no tenía a nadie a quien culpar por su situación más que a ella misma.

*****

Todo había comenzado cuando Nicki, de diecinueve años, había sentido curiosidad por un objeto que se topó un sábado por la mañana y que pertenecía a su padre (de profesión oficial de policía). Su familia se había ido por el fin de semana y no volverían hasta el domingo por la noche, por lo que Nicki estaba sola en casa. Era una mañana de primavera y la chica, que no tenía ningún plan, había estado chismeando en un cajón cuyo contenido desconocía, pues nunca había necesitado nada de el. Fue ahí donde encontró el par de brillantes esposas junto a su llave.

Desde hace algunos años Nicki había tenido pensamientos que la inquietaban; sentimientos que hasta ese momento había conseguido ignorar y mantener ocultos en su subconsciente, pero que sin embargo emergían de vez en cuando. Sin embargo el descubrimiento que acababa de hacer fue un catalizador que llevó a que sus inhibiciones desaparecieron. Los deseos ocultos que había negado, o por lo menos controlado de repense te volvieron incontrolables y sintió un cosquilleo por la emoción y la excitación de ver estos brazaletes de acero. Fue entonces cuando se puso a examinar cuidadosamente el objeto recién encontrado con cierta fascinación y que admitió la idea que la emocionaba desde que entró en la adolescencia, fantasías donde era atada, amordazada y encadenada para quedar completamente indefensa en manos de un malvado villano; sólo para ser rescatada después por un hermoso caballero en una brillante armadura.

Ahora, con las esposas en la mano y con sus fantasías siendo aceptadas, la necesidad de aprisionarse a si misma fue muy grande para resistir.

Con manos temblorosas, Nicki cerró las esposas y las volvió a abrir para probar que funcionaran. Comprobando que sería capaz de liberarse, colocó una esposa sobre una de sus muñecas, y completó el cautiverio de su mano cerrando el candado. El click que se escuchó y el sonido del mecanismo ajustando provocó que una emoción recorriera toda su espina. Rápidamente aseguró su otra muñeca con el otro brazalete y segundos después estaba caminando por el cuarto con sus manos sujetas frente a ella, sacudiéndose un poco en busca de un liberación que no llegó y que no quería realmente.

Sin embargo, después de poco más de tres minutos, Nicki se aburrió. Quería que las esposas la sujetaran de manera más restrictiva y por ende más excitante. Se liberó momentáneamente para volver a encadenarse, esta vez con sus manos a la espalda. De nuevo pasó varios minutos inmovilizada de esa manera, caminando por la casa con mucha emoción mientras trataba de llevar a cabo tareas normalmente tan sencillas como abrir una puerta, leer un libro o prender la televisión.

Pero tras un rato este cautiverio también le resultó insuficiente para satisfacer su creciente excitación. No quería solo tener las muñecas esposadas, lo que deseaba era estar atada completamente.

Quitándose de nuevo las esposas (lo cual fue significativamente más difícil que cuando sus manos estaban al frente), Nicki salió corriendo a una covacha en su jardín donde al poco encontró el par de cosas que fue a buscar, un rollo de cuerda y otro de fuerte cinta adhesiva plateada. De vuelta en su casa revisó que todas las puertas y ventanas estuvieran bien cerradas, pues lo último que quería es que alguien la descubriera. Subiendo a su habitación, se quitó la ropa hasta vestir sólo su ropa interior, y unas largas medias negras, quería verse tan sexy como pudiera para la fantasía que estaba por hacer realidad. El siguiente paso fue colocar un espejo en la pared frente a las escaleras, con el cual pudiera verse a si misma cuando luchara con sus ataduras. Cuando quedó satisfecha de que éste estaba en el mejor ángulo para capturar lo mejor posible su imagen atada se detuvo un momento, sólo restaba amarrarse a si misma.

Primero Nicki desenrrolló la cuerda y la jaló con sus manos para probar su resistencia y fuerza; sonrió al ver que era resistente. Cortándola en cinco largas piezas (tres de tres metros y las dos restantes un poco más largas), se sentó en el suelo con su espalda recargada en uno de los postes de la escalera y sin dudas pero sin prisas empezó por amarrar su tobillos asegurando las ligaduras tan fuerte como le fue posible. Continuó usando los otros dos pedazos de cuerda para inmovilizar más sus piernas, atando un pedazo bajo sus rodillas y otro sobre éstas. Las tres ataduras fueron hechas de la misma manera, rodeando sus piernas varias veces y después asegurando la cuerda atándola de manera vertical con los nudos al frente. Con esta parte del bondage completo, Nicki se ayudó del barandal para levantarse y durante un par de minutos se movió a saltos por el lugar, tanto para divertirse como para comprobar que ningún movimiento aflojaría los nudos. Feliz al ver que sus legas estaban inescapablemente amarradas volvió al punto de partida.

A continuación Nickiun par de calcetines, los apretó para hacer una bola y se metió esta a su boca, forzándola hasta que su cavidad estuvo totalmente llena. Entoncés se puso a sellar los calcetines en su boca con la pegajosa cinta plateada que, de acuerdo al paquete, era a prueba de agua y se quedaría sujeta a casi cualquier superficie. Levantando su cabello rodeó su cabeza varias veces con la cinta alrededor de la parte inferior de su rostro, tras varias vueltas cortó la cinta y oprimió todo lo que tenía sobre la boca para asegurarse de que estuviera bien pegada a su piel, tuvo especial cuidado de que no hubiera alguna puntita despegada que luego pudiera usar para safarla.

Vienod hacia el espejo Nicki vio a una chica con todo su rostro debajo de la nariz cubierto con la cinta gris. Trató de empujar los calcetines hacia afuera con la lengua, y se dio cuenta de que la cinta le impedía sacarlos ya que sus labios estaban completamente sellados. Hizo varios intentos de hablar y gritar, con lo cual se dio cuenta de que había elegido un método muy efectivo de silenciarse.

El sentir la cuerda apretando sus piernas y la extraña sensación de la cinta pegada sobre su piel excitaron más a Nicki, lo que aumentó su deseo de completar su autobondage tan pronto como le fuera posible. Sin esperar más tomó los pedazos de cuerda más largos y empezó a pasar el primero sobre su cintura y alrededor del poste de la escalera sobre el que apoyaba la espalda, jalando las cuerdas para apretar tanto como era posible, terminó por atar un nudo sobre su estómago. La siguiente cuerda fue atada similarmente, pero esta vez sobre su torso, pasando primero por debajo de sus pechos y rodeando su cuerpo y el poste cuatro veces, antes de continuar atando su cuerpo con la misma cuerda, pero esta vez sobre los pechos. De nuevo ató el nudo al frente, donde estaría fuera de su alcance una vez que se esposara las manos.

De nuevo Nicki se detuvo a verse en el espejo, un cosquilleo recorrió su espina al ver sus piernas inmóviles y su boca amordazada; su figura con curvas temblando por como disfrutaba todo, ya estaba muy cerca del punto final.

En un principio había considerado vendarse los ojos, pero entonces se le presentó un dilema. ¿cómo iba a verse en el espejo? Pero por otro lado su indefensión no estaría completa si bloqueaba su visión. Era un volado entre poder observarse mientras se retorcía o experimentar todo en una completa oscuridad. Al final optó por un término medio que le pareció de alguna manera fascinante. Mantendría su vista, pero se colocaría unas medias de nylon sobre la cabeza. De esa manera vería pero no con la misma claridad de antes. Tomando una media negra lacolocó osbre su cabeza como una capucha hasta que alcanzó su cuello, tomando la punta le dio una vuelta alrededor de su cabeza y la ató suavemente para evitar que el extremo estuviera flojo y se sacudiera mientras se retorcía contra los nudos.

Había llegado el momento de aplicar la atadura más importante de todas. Aún con un temblor debido a la anticipación de lo que iba a ocurrir, Nicki cerró una de las esposas sobre su muñeca izquierda hasta que quedó lo suficientemente apretado para asegurar que no pudiera sacar su mano. Agarrando fuertemente la llave, pasó su manos a su espalda y alrededor del poste. Durante cerca de un minuto intentó sin éxito encontrar el otro extremo de la esposa. No se había dado cuenta de que sería una operación tan complicada, pero el poste le impedía maniobrar con comodidad y por unos segundos temió que no pudiera completar su inmovilización después de tanto esfuerzo. Sin embargo no se rindió hasta que alcanzó el brazalete y con satisfacción lo escuchó cerrarse mientras encadenaba su otra mano. Apretó hasta escuchar cuatro clicks que le indicaron que esta mano estaba tan prisionera como la otra. Un rápido jalón a sus manos lo confirmaron; sus manos estaban encadenadas la una a la otra y atrapadas alrededor de un sólido poste de madera, con lo que sus dedos no podían alcanzar ninguo de los nudos que ataban el resto de su cuerpo.

Ahora sólo quedaba una pequeña operación para relajarse y comenzar a divertirse. La llave que le daría su libertad seguía fuertemente agarrada con sólo dos dedos de su mano izquierda y necesitaba pasar este pequeño pero fundamental objeto a su otra mano, donde podría sujetarlo con firmeza hasta el momento en que requiriera sus servicios para liberarse, cuidadosamente colocó la llave sobre la palma de la mano derecha y se preparó para agarrarla al tiempo que la soltaba de sus dedos.

*****



Todo ocurrió tan rápido que Nicki no estaba totalmente segura de las circunstancias que llevaron a su catástrofe. ¿estaba tan excitada por lo que venía que sus manos no pudieron coordinarse correctamente, o el esfueroz por cerrar los brazaletes habían provocado que sus manos se cansaran al punto de que no pudo sostener bien la llave? No podía decirlo con certeza, pero sabía que un segundo tenía la llave en sus manos y al siguiente se había ido. Siguió un corto intervalo, que si bien duró apenas una fracción de segundo pareció mucho más, antes de que un casi inaudible golpe le indicara a la chica que lo peor había ocurrido. Por medio minuto estuvo en un estado de negación, incapaz de creer lo que le había ocurrido. Sus dedos buscaban desesperados la llave en los pocos centímetros de alfombra a sus espaldas, hasta que eventualmente tuvo que aceptar que ésta se había caído hacia la planta baja de la casa y que no estaban a su alcance, aún así no comprendía la gravedad del evento.

Pasaron algunos minutos, que Nicki ocupó volteando sobre su hombro y viendo en dirección a la pequeña llave en el piso de abajo, fue durante ese tiempo que comprendió el problema en que estaba metido por no haber pasado la llave de una mano a la otra sin soltarla. Se dio cuenta de que no podía ni ir por la llave ni hacer que ésta la alcanzara a ella de ninguna manera posible. En corto, estaba atrapada. Una vez que vio esto y que rápidamente descartó todas las imprácticas formas de liberarse que se agolparon en su cabeza cuando finalmente cedió al pánico y se agitó violentamente. Intentó soltarse tirando de todas las ataduras y golpeando las esposas contra el grueso poste de madera con creciente desesperación… pero todo fue inútil.

Una vez que se agotó, lastimándose las muñecas en el proceso, Nicki tuvo que admitir que no podía salir de este problema. Lo siguiente que se le ocurrió fue gritar por ayuda con todas sus fuerzas, pero el éxito de esta empresa ya estaba severamente limitado por su decisión de amordazarse tan eficientemente. Maldijo su suerte en un ahogado grito, ¿cómo pudo ser tan tonta?

*****

Los papás de Nicki no iban a llegar a casa hasta la noche del día siguiente; pasadas las nueve, de acuerdo al cálculo de su madre. Hasta ese momento la casa era suya y de nadie más. Por lo menos sabía que sería rescatada en ese momento, aunque la perspectiva de pasar casi treinta seis horas sentada con las manos esposadas, el cuerpo atado y la boca amordazada no le agradaba. Además del tiempo que pasaría amarrada, el ser encontrada así sería muy embarazoso, ¿qué pensarían sus padres? Obviamente lo primero que pensarían al ver a su niñita atada de esta manera es que habría sido víctima de un salvaje intruso, la compadecerían. Pero una vez que la verdad se supiera ¿cómo reaccionarían?

¿Cómo podría siquiera empezar a explicar que se ató y se amordazó a si misma porque la idea de estar indefensa la emocionaba de una manera inexplicable? Seguramente estarían horrorizados de saber que uno de sus descendientes podía sentirse atraído por algo tan perverso. ¿Qué pasaría con sus hermanos? ¿Cuántas burlas tendría que soportar cuando estos supieran que su hermana mayor tenía gustos tan raros?

Ya que Nicki comenzó a calmarse del shock inicial de estar totalmente indefensa, empezó a explorar si podría salirse con la suya con algún cuento sobre un ladrón. Pero un análisis cuidadoso le demostraron que era algo tan increible que no sobreviviría al menor escrutinio. Después de todo su padre era un policía y estaba acostumbrado a lidiar con asaltos de este tipo. Con todas las puertas y ventanas cerradas por dentro ¿de qué manera explicaría cómo el ladrón imaginario se metió a la casa? Y si el robo era la explicación a su penosa situación ¿por qué no había nada desaparecido o fuera de lugar en la casa? Más aún ¿cómo explicaría su atuendo?, ¿la posición del espejo?, ¿el lugar donde estaba la llave? ¿el hecho de que el ladrón supiera encontrar las esposas de su papá? O ¿la aparición de la cuerda y la cinta, que una rápida revisión demostraría que fueron traídas desde la cobacha del jardín?

Era imposible encontrar una solución plausible a tanta incógnita, demasiados cabos sueltos que nunca engañarían a un detective experimentado como su padre. Nicki comprendió que si la encontraban así no podía sino decir la verdad, aunque probablemente una vez que llegara la hora de que la liberaran estaría tan agradecida de poder moverse que lo que alguien pensara de sus extrañas aficiones le importaría muy poco.

Atrapada en su bondage, Nicki se puso a pensar si tal vez hubiera alguien que pudiera rescatarla antes de la llegada de su familia, lo cual si bien no le ahorraría la humillación si le evitaría el día y medio de inmovilidad. Pasó lista a todas las personas que conocía, pero ser desatada por alguna de ellas no era plausible. El lechero, el cartero y el repartidor del periódico ya habían hecho sus entregas ese día y ninguno pasaría el domingo. Había una lejana posibilidad de que alguien repartiendo publicidad o correo basura se acercara a su puerta, pero era algo que no podía esperar con optimismo.

De cualquier manera si alguien se acercaba a la puerta tendría muy poco tiempo para reaccionar. La única manera en que ella sabría que un desconocido estaba en la puerta sería cuando aquello que dejaran caer en el buzón alcanzara la alfombra, cuando eso ocurriera esta persona ya se estaría alejando de su casa y muy difícilmente estaría atenta para oír sus ahogados gritos de ayuda. Sólo si este supuesto visitante llegara silbando o cantando podría empezar a gritar a tiempo con la esperanza de que el ínfimo ruido que pudiera hacer fuera suficientemente fuerte para que el visitante lo escuchara y se decidiera a investigar hasta encontrarla, esto era casi imposible.

La otra posibilidad que pensó es que un vecino la oyera, pero todas las casas tenían patios que las separaban razonablemente las unas de las otras, por lo que esto tampoco rendiría frutos. No había invitado a nadie a acompañarla ninguno de los dos días, y no había hecho planes formales de ver a ningún amigo, así que si no llegaba a verlos en el bar donde se reunían de vez en vez era muy difícil que alguno se extrañara y se pusiera a averiguar su paradero. Igualmente si alguien telefoneaba era difícil que alguien se preocupara si no contestaba, simplemente asumirían que estaba ocupada con otro asunto y la olvidarían. Por tanto después de tanta reflexión la conclusión era la misma, se quedaría todo el día amarrada y amordazada en su casa.

Nicki volteó a ver de nuevo la llave (que apenas era visible a través de la media que tenía sobre la cabeza), deseando que fuera posible hacerla levitar hacia sus manos con el poder de su mente. Ahora sabía a ciencia cierta como se sentía el verdadero bondage.

Vio al espejo para contemplar sus largas piernas forzadas a mantenerse una junto a otra por las cuerdas que la ataban, y su torso, con la lencería que vestía contrastando vivamente con su piel blanca y con las cuerdas que la sujetaban y que mantenían su cuerpo rígidamente sujeto al poste en su espalda.

Después estaba su cabeza, enteramente cubierta por sus medias que le aplastaban la nariz y distorsionaban sus facciones y que disimulaban la cinta que rodeaba toda su cabeza desde las mejillas hasta la barbilla. Por debajo de la media su cabello alcanzaba a escapar de la capucha y a caer sobre sus hombros. Alrededor de su cuello, había una cadena de oro -un regalo de su cumpleaños 18- que colgaba casi tocando sus bien formados pechos que se movían de vez en cuando de arriba abajo con sus intentos de aflojar las ataduras. La parte superior de sus brazos era visible, pero de los codos para abajo todo desaparecía tras su espalda.

Nicki intentó ponerse de pie, pero la fuerza de las ligaduras en su pecho y su estómago hacían esto imposible. Incluso si hubiera logrado alzarse, el barandal horizontal le hubiera hecho imposible moverse a otra parte de la casa o librar siquiera parte de su cuerpo. Si tan sólo el poste no fuera tan sólido tal vez tras algo de esfuerzo hubiera logrado romperlo. Si tan sólo hubiera elegido un poste más delgado escaleras abajo al cual esposarse éstos habrían sido más fáciles de romper. Pero por supuesto antes de meterse en este embrollo había descartado a esos como buenos lugares para amarrarse, pues su objetivo en ese momento era conseguir algo inescapable, había sido descuidada y había caído en un problema del cual no tenía escapatoria.

*****

Nicki estiró sus piernas y cambió su posición en el suelo tanto como le era posible. Estaba tratando de aliviar algo de la incomodidad que le había provocado el sentarse sobre el suelo duro. No sabía cuanto tiempo llevaba amarrada, pues no tenía forma de calcular el tiempo, pero calculaba que ya debía ser una hora. Sólo faltaban treinta y cinco para su liberación.

Se vio al espejo mientras intentaba cambiar su posición viendo como su reflejo la imitaba (¿o acaso la remedaba?), y en ese momento volvió a luchar por soltarse, debido más a la desesperación de su cautiverio que a la esperanza de escapar. Al agitar sus manos sus pechos se movieron y, dado que estaba más resignada y menos distraída, Nicki se dio cuenta que las llamas del fuego que la habían llevado a meterse en esta situación seguían encendidas. Arrojó su cuerpo hacia adelnate sin separar la vista del espejo y concentrándose en lo ajustado de los nudos. Para su sorpresa, una sensación agradable empezó a recorrer su cuerpo y la emoción que sintió mientras se ataba y antes de que el escape se volviera imposible volvió a reclamar sus pensamientos.

Para probar esta inusual e intrigante sensación empezó a luchar contra sus ataduras con más fuerza, y poco a poco las semillas de su excitación respondieron y ésta fue creciendo hasta llegar a un crescendo que pronto estalló en unas oleadas de placer absoluto que recorrieron todo su ser. Era sorprendente que el pánico que había sentido hace tan poco pudiera transformarse en algo tan maravilloso. De repente a Nicki le importó un bledo si estaba atrapada. Si iba a estar atada todo el fin de semana no tenía sentido lamentarse. Si podía elegir entre estar asustada, acompañando sus inútiles intentos de liberarse con los gritos ahogados que escapaban de su mordaza o experimentar el enorme placer del que aún se recuperaba y que hacína de su situación una fantasía absoluta, entonces la pelea estaba ganada.

La chica se dio cuenta que la única diferencia entre el miedo y el placer estaba en su mente, pues sus acciones no cambiaban en nada su situación. Ya que estaba prisionera ¿por qué no aprovechar la situación y disfrutar la experiencia? Después de todo era justamente el deseo de estar indefensa lo que la había llevado a experimentar con el bondage, era mejor gozarlo ahora y preocuparse de las consecuencias después. Mientras estaba sentada, disfrutando de sus ataduras, Nicki se dio cuenta de que, por lo menos en ese momento, estaba agradecida de no poder soltarse. Estaba disfrutándolo tanto que pensó que soltar la llave tal vez había sido una bendición. Tal vez incluso la dejó caer a propósito, aunque de manera subconsciente. La chica gimió fuertemente contra su mordaza, pero ahora el sonido que emitía no se debía al deseo de que alguien la escuchara, sino que se le escapaba involuntariamente por el placer que alcanzaba alturas insospechadas.

Durante largas horas, y hasta bien entrada la tarde, las actividades de Nicki oscilaron entre luchar contra su bondage en busca del placer que le provocaba y periodos de descanso para reponer las energías que tantos orgasmos requerían. Aunque su estómago rugía por la falta de comida, y su boca y garganta estaban secas, el hambre y la sed la distrajeron poco de su concentración en el placer. Incluso cuando tras el atardecer llegó el momento en que su vejiga no aguantó más y terminó por orinarse, la incomodidad era mínima comparada con el estado de excitación sexual provocado por su completa incapacidad de moverse. Una vez que estuvo completamente a oscuras y muy cansada, Nicki finalmense te detuvo y tras un rato cayó dormida.

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