30 de septiembre de 2016

Inculpada de Frank Knebel - Capítulo 4

Por fin, seguimos con las aventuras de Copper, y como ya saben, en este caso aventura significa Bondage.
Por acá les dejo los enlaces a los capítulos precedentes:

Uno
Dos
Tres

Todas las historias que he publicado están aquí


Capítulo 4

El sol estaba cerca de meterse mientras Sherry Johnson conducía la furgoneta de vuelta a Kermit. Incluso en la oscuridad, el logo del rancho de la Diadema Voladora, tanto en la parte trasera del vehículo como en sus puertas, era demasiado notorio como para poder conducir el vehículo mucho tiempo. Sabía que tenía que encontrar otro coche rápido. Un poco adelante, algo le llamó la atención.
Apenas visible entre varios árboles, una mujer estaba bajando una caja llena de libros de un sedán azul estacionado frente a una casa pequeña. La casa estaba a unos 300 metros por un camino de terracería que salía a la derecha de la avenida principal. No había luces en la casa a la que la mujer entró con su carga, lo que indicaba que no había nadie adentro.
Además, Sherry estaba segura de que, si hubiera alguien más en la casa, la mujer no habría cargado la pesada caja ella sola. La puerta del auto se quedó abierta, indicando que aún había más cosas que bajar.
Tomando una decisión, Sherry tomó una desviación que conectaba al mismo camino en el que estaba la casa de la mujer, pero que le permitiría llegar por la otra dirección para sorprenderla. Apagó también las luces de su vehículo, de modo que ni siquiera la viera acercarse.


Marie Sanders se bajó de su auto deportivo y cerró la puerta silenciosamente. Había apagado el motor a unos cientos de metros de la entrada del rancho y había dejado que su vehículo bajara una pendiente en neutral el resto del camino para no alertar a nadie.
El rancho estaba silencioso y oscuro, dado que había visto a Copper salir, Sherry debía estar intentando esconderse. Marie sacó su pequeña pistola automática con fuerza, tenía que saber cuánto sabía la mujer.
Marie no pudo evitar sonreír al imaginarse entregando a Sherry a las autoridades y cobrando una recompensa por su captura, que irónico sería hacerse millonaria inculpándola por su crimen, y luego mucho más dinero entregándola a la policía.
Se descalzó para no hacer ruido en las escaleras de madera que llevaban a la puerta y caminó por el porche.



Copper Ryder estaba comenzando a aburrirse. En un principio le había parecido una broma fantástica el estar supervisando su propio proceso de atado y amordazado para ayudar a Sherry a mantener la fachada de ser una persona peligrosa, pero tras unos minutos simplemente empezaba a sentirse incómoda. La paciencia no era una de las virtudes de la chica, y ya se sentía ansiosa por ser rescatada para poder moverse a la siguiente fase de su plan.
Dado que Copper ya había sido amarrada muchas veces por criminales de verdad, no había dejado pasar nada. Todas las cuerdas estaban bien atadas y no iba a poder escapar si no la ayudaban, o por lo menos si no encontraba algo que la ayudara a cortar las cuerdas. De cualquier forma, no es que buscara escapar, aun cuando estaba en peligro de verdad, era más divertido ser rescatada. De ese modo todos los demás, incluido su tío Sky, le prestaban mucha más atención para asegurarse de que estuviera bien. Cada que iba con las chicas a la ciudad y les contaba este tipo de aventuras, siempre le parecía que la escuchaban con un poco de envidia, y los chicos también la veían diferente, aunque Copper nunca lograba imaginar que estarían pensando.
Pero ahora, sólo quería que Sky llegara pronto a la casa. Se suponía que ella le iba a dar un aventón al aeropuerto para recoger El Colibrí, pero como se había fugado, seguro que alguien más ya lo había hecho. Sólo tenía que esperar.
Fue entonces cuando la puerta principal se abrió. Sorprendida, Copper se dijo que debía concentrarse. No podía creer que hubiera divagado tanto en sus pensamientos como para no escuchar el avión aterrizando en el rancho. Ahora ya no tenía tiempo de ensayar la convincente historia que había planeado.
Copper comenzó a gemir tras su mordaza, haciendo todo el ruido posible para llamar la atención de su tío. Le extrañó que no la hubiera llamado al entrar, pero tal vez el hecho de que la pista de aterrizaje y la casa no tuvieran luces le habría hecho pensar que no había nadie.
No escuchó pasos, pero de repente, se oyó el click del interruptor de luz, y una voz femenina se escuchó.
            -Vaya, vaya, vaya. Pero qué tenemos aquí

Marie se metió al cuarto y revisó desde lejos a la joven que se retorcía en la cama. Esto no era lo que estaba esperando. Aunque nunca había cruzado palabra con Copper Ryder, si reconocía a la chica. Había dos opciones, o Sherry había traicionado a su amiga y la dejó amarrada e indefensa después de obligarla a ayudarla, o esto era un truco muy elaborado para lograr algo que Marie no podía adivinar. Decidió seguir la corriente y averiguar algo más, por lo menos por un momento.

            -¿Qué te pasó?- le preguntó tratando de sonar preocupada mientras le quitaba la cinta que tenía sobre los labios.

Copper, que no podía ver, no sabía que era Marie quien la había encontrado, y mantuvo su actuación de preocupación mientras esperaba a que le desataran los extremos de la mascada atados tras su nuca que completaban la mordaza, tras lo cual escupió la tela que tenía dentro de la boca.

            -¡Me atacó Sherry Johnson!, la mujer que escapó de la cárcel esta mañana- se quejó -He estado prisionera toda la tarde.

Cuando Marie le quitó la venda de los ojos y Copper la reconoció, no pudo esconder una mirada de sorpresa en su rostro, pero a pesar de su mirada inicial, la chica se las arregló para volver a su papel.

            -¿Quién eres?- preguntó dudosa.
Marie la vio fríamente
            -¿No me reconoce, señorita Ryder?
Copper tragó saliva y trató de pensar rápido en cómo reaccionar.
            -Bueno… si no me equivoco de he visto en el pueblo alguna vez, ¿eres Marie Sanders, la que trabaja en el banco?
Marie asintió, y a la joven no le gustó la sonrisa que se reflejó en su cara.
            -Me da gusto que me reconozca señorita Ryder, sin duda parecías estar muy interesada en mi cuando me veías fijamente en el café esta mañana.
Marie se sentó en la cama, a un lado de Copper, y obligó a la joven a torcer su cuello y voltear hacia atrás para poder verla.
            -Si, y si no recuerdo mal, estabas con tu tío, y algunos minutos después el sheriff también los acompañó en su mesa.
            -Discúlpame si te molesté, no era fácil no voltear a verlos, después de todo el señor Willberforce hizo un escándalo y gritó en voz alta que tenía que verte.
            -Ah, claro- respondió Marie, -te quedaste viendo por culpa de Johnny.
Se vieron en un silencio incómodo por unos segundos, antes de que Copper volviera a hablar.
            -¿no vas a desatarme?- la cuestionó mientras señalaba con la cabeza las cuerdas que la mantenían en su hogtie.
            -Por supuesto… ¿en qué estaba pensando?- río Marie agarrando las cuerdas que inmovilizaban las manos de Copper.
            -Y tú amiga Sherry… ¿te obligó a trearla aquí, y entonces te amarró así y se robó tu coche?
            -No sólo eso, también me obligó a cocinarle la comida- explicó Copper -Después me obligó a buscar todas las cuerdas que hubiera en casa, me trajo aquí, me obligó a desvestirme. Me dijo que ya no tenía ninguna amiga y que eso me incluía. Después me amarró, me amordazó y me tapó los ojos. Me da mucho gusto que hayas llegado.

Fue en este momento cuando Copper notó que Marie no había hecho ningún avance en la tarea de desatarla.

            -¿Te puedes apurar? Mis brazos y mis piernas me están empezando a doler.

Marie puso una expresión de alarma.

            -¡ay!, por supuesto-

Jugueteó con los nudos unos segundos, y luego se puso la mano en el mentón, mientras veía a Copper con actitud meditabunda.

            -Sabes… Sherry se está arriesgando demasiado con todo este asunto de fugarse de prisión. Le robó la pistola a una policía, por lo cual está considerada como ‘armada y peligrosa’ ¿qué quiere hacer?-

            -Bueno… a mí me dijo que la habían inculpado por el crimen, pero supongo que todos los que son arrestados dicen lo mismo. Yo no le creí.-

Copper rogó haber sonado convincente y volteó para ver que Marie la seguía estudiando. Entonces la mujer agarró la mascada que le había sacado de la boca, y la volvió a bola.

            -Pues sabes una cosa, señorita Ryder… Yo, no te creo-.

Con un rápido movimiento volvió a rellenar la boca de la chica, quien se resistió y protestó sin éxito. La mordaza fue completada con la tela atada entre sus dientes, y aunque la cinta que le había quitado antes ya no servía para nada, Marie vio el rollo en el buró y lo usó para reforzar el obligado silencio de la ahora involuntaria prisionera.

            -Reconozco un engaño cuando lo veo- le dijo -no sé qué es lo que tu amiga Sherry y tú hayan planeado, pero cualquier cosa que sea, les será más difícil llevarlo a cabo si te tengo secuestrada.

Agarró el cuchillo en la mesita de noche, y lo usó para cortar la cuerda que aún mantenía a Copper en su hogtie, después liberó los tobillos de la chica y la ayudó a ponerse de pie.

            -Vamos a mi coche, tenemos que hacer un viajecito e irnos antes de que llegue tu tío, no queremos que ponga objeciones a nuestra pijamada.

A pesar de que los muslos de Copper seguían amarrados, Marie la empujó para que avanzara. Sólo podía dar pasitos pequeños, pero fue caminando poco a poco mientras la mujer la ayudaba a mantener el equilibrio agarrándola del brazo.




Sherry apartó una rama  y vio hacia los árboles de la casa que estaba a unos metros de distancia de su escondite. Una de las puertas del sedán azul seguía abierta, y la mujer estaba inclinada dentro del coche, aparentemente recogiendo algunos libros y apuntes más. Aún había suficiente luz para que Sherry la pudiera ver bien.
Era joven, de cabello oscuro y de corta estatura. Era voluptuosa, con grandes pechos y piernas bien formadas. Calzaba unas sandalias, unos shorts color Khaki y una camisa de botones y manga corta. Su vestimenta simple y poco maquillaje le daban una belleza simple y natural, aunque Sherry también notó que su camisa estaba desabotonada justo lo suficiente para dejar ver un sugerente y generoso escote.
La mujer salió con el resto de sus cuadernos que puso en un brazo, y se ayudó a sostenerlos con su barbilla mientras cerraba la puerta del coche con la mano libre. Al ver esto, Sherry sacó el revolver de la oficial Cole, más temprano le había quitado los cartuchos, así que estaba segura de que le sería imposible disparar por accidente.
Sin embargo, necesitaba conseguir un nuevo vehículo, y sólo habría una manera de obtenerlo. Poniendo su brazo a su espalda para esconder la pistola, salió de entre los árboles.
La mujer casi dejó caer los libros, y estaba reorganizándolos. Cuando lo hizo cerró la puerta, luego repartió el peso entre ambos brazos y se dirigió a su casa. Fue entonces cuando vio a Sherry acercarse, su repentina aparición le hizo dar un salto del susto.

            -¡Ay!, me asustaste, no me había fijado que hubiera alguien. Me llamo Jeanne Hall, lo siento por aún no haber podido conocer a todos mis vecinos, estoy recién llegada.

La amable sonrisa de la chica provocó que Sherry se sintiera aún peor por lo que estaba a punto de hacerle.

            -Yo también lo siento mucho Jeanne- le dijo mostrándole el revolver.

Por un segundo, la chica vio la pistola confundida, como si no comprendiera su propósito, luego sus ojos se abrieron con miedo.

            -Tú debes ser la persona sobre la que hoy en el radio- dijo lentamente- La que escapó de prisión esta mañana.

Sherry asintió.
            -Sí, soy yo. Y si sabes quién soy, también sabes que le voy a disparar a cualquiera que no haga lo que le digo. Lo único que necesito contigo es llevarme tu coche. Vamos adentro de tu casa, voy a tener que cortar tu línea de teléfono, y me temo que voy a tener que dejarte amarrada para que no puedas ir con el sheriff, pero eso es todo. No voy a lastimarte.

La mujer volteaba la mirada entre el rostro de Sherry y el revolver que le apuntaba, pero no decía nada. Finalmente, se remojó los labios, asintió y dijo suavemente:
            -Te creo.
            -Muy bien, pues para adentro, dijo Sherry agitando la pistola hacia la puerta.
Caminaron a paso normal, haciendo una pausa para que la fugitiva recogiera el cordón en el patio donde se colgaba la ropa a secar, y un gancho que había en la esquina del pórtico.


            -Llamando a la Diadema Voladora, llamando a la Diadema Voladora. Aquí El Colibrí, contesten por favor. ¿Estás ahí Copper?, cambio.-

Sky Ryder soltó el botón del radio transistor y esperó una respuesta.
No la hubo, como no la había habido cuando intentó contactar a su sobrina desde el aeródromo de Kermit antes de despegar. Aún faltaban unos minutos para llegar a su rancho, pero el veterano piloto podía ver desde el cielo que no había ninguna luz encendida ni en la casa, ni en la pista de aterrizaje detrás de ella. Sólo en la carretera, alumbraban los faros de algunos autos circulando, pero no había nada en La Diadema Voladora.

El alto ranchero sacudió la cabeza. Cuando supo que Copper había sido vista con Sherry Johsnon, supo que la lealtad de su sobrina, y su amor por la aventura le habían ganado a su buen juicio, y que no era una rehén, sino una cómplice de su vieja amiga. Pero Sky esperaba que la chica hubiera hecho algo obvio, como llevarla a casa para darle una muda de ropa, esperaba encontrar al menos a una de ellas ahí. Ahora, saber dónde estaba la joven era un misterio.
El piloto empezó su aterrizaje.


            -¿Está cómoda allá atrás señorita Ryder?
Metida en el suelo de la parte trasera del coche de Marie, Copper sólo gruñó molesta tras su mordaza. Cuando habían llegado al auto, su secuestradora le había vuelto a atar los tobillos, y la había metido sin mucho cuidado en la parte trasera del coche, para después hacerla rodar hasta el suelo. Copper había intentado volver a subir, pero Marie echó su asiento para atrás todo lo posible, atrapando a la indefensa chica en su incómodo lugar. Desde entonces iban manejando a gran velocidad a un destino que desconocía.
            -Me alegra escucharlo- gritó Marie para que la escuchara sobre el sonido del viento -te voy a llevar a un escondite que tengo, si Sherry intenta hacer algo, yo será la única que sepa dónde estás, así que seguro eso hará que se rinda.
Copper agitaba sus manos inútilmente, no había forma de safarse de las cuerdas, y menos si estaba confinada entre esos asientos como lo estaba. ¿qué iba a hacer?


            -Date la vuelta y pon tus manos en la espalda- ordenó Sherry.

La morena Jeanne Hall vio con ojos suplicantes a Sherry. Le había dado la oportunidad de beber agua e ir al baño, y ahora estaba de nuevo frente a frente con su captora que le apuntaba con la pistola. En la mesa, estaba la cuerda que antes servía para colgar ropa, y que Sherry había cortado en piezas de distintos tamaños.

            -Mira, no tienes que amarrarme, sólo corta el cable del teléfono y así ya no puedo llamar a la policía.

Sherry negó con la cabeza.

            -Tienes vecinos a la vuelta de la esquina, y la autopista también está muy cerca, ¿qué te impide ir a pedir ayuda a uno u otro lado?, necesito tiempo suficiente para escapar, y no quiero golpearte en la cabeza para desmayarte, porque podría lastimarte. No existe otra alternativa.

Aunque ya no dijo nada, los ojos de Jeanne siguieron suplicando unos segundos, pero finalmente suspiró resignada, se dio la vuelta y cruzó sus manos a su espalda.

            -Buena chica- dijo Sherry, feliz de que Jeanne no pudiera ver la expresión de alivio que no pudo esconder. Si la joven se hubiera resistido, Sherry no tenía idea de que habría hecho. Tomó uno de los pedazos recién cortados de cuerda y amarró las muñecas de la chava. -Trataré de no apretar demasiado. Pero no quiero que te liberes puedas soltar en pocos minutos.-

Rodeó las muñecas de la mujer cinco o seis veces, y después ajustó las cuerdas pasándolas de forma horizontal, ató el nudo y Jeanne se quejó.

            -Pues yo lo siento muy apretado.

Sherry la ignoró, la tomó del brazo y la sentó en una de las sillas de la cocina. Aunque Jeanne era chaparrita, el respaldo de la silla estaba lo suficientemente bajo como para pasar sus brazos atrás del respaldo.

Sherry tomó otra cuerda, y la pasó alrededor del cuerpo de la mujer, apenas debajo de sus pechos. Le dio varias vueltas hasta tener bien sujeto el torso de la chica al respaldo. La fugitiva notó la expresión de preocupación de la prisionera y buscó algo inocente que decir para relajarla.

            -¿Para qué son tus libros?

Jeanne la vio fijamente, sorprendida por la pregunta.

            -Pues, casi todos son cuadernos con anotaciones de mi trabajo.

Mientras seguía amarrándola, Sherry se las arregló para entablar una breve conversación con la chica. Trabajaba en el departamento de agricultura, y estaba metida en un estudio para certificar la calidad del agua que le daban a los animales en los diversos ranchos, además de un montón de cosas que la fugitiva no terminó de comprender. La chica tenía un año más que ella y acababa de terminar su doctorado.
La conversación dio resultado y Jeanne estaba más relajada, a pesar de que ahora estaba atada más fuertemente a la silla con cuerdas alrededor de su cintura, y que además tenía los tobillos y las piernas amarradas, la chica no pudo evitar sonreír cuando Sherry dijo que admiraba a cualquiera que hubiera alcanzado su alto nivel de estudios.

            -Oh, no es tan importante- respondió con modestia, pero complacida por el halago.
Mientras Sherry tomaba otra pequeña cuerda para sujetar los tobillos atados de Jeanne a una de las patas de la silla, la prisionera cambió el tema de conversación.

            -Sabes… mi jefe cree que eres inocente- dijo en voz baja. Sherry la volteó a ver y, tras dudarlo unos segundos, Jeanne continuó. -Dice que algún gerente del banco debió haberse robado el dinero y que te inculparon… ¿es verdad?-

Sorprendida, Sherry vio fijamente a la mujer a la que acababa de inmovilizar. Por un momento su joven y hermoso rostro reveló el cansancio que sentía.

            -Ya sé que todos los pillos deben decir lo mismo, pero sí, es verdad, soy inocente. El problema es encontrar al alguien que me crea, y nadie me va a creer hasta que obtenga pruebas de que me inculparon… espero que las cuerdas no estén tan apretadas.-

Jeanne probó las ataduras.

            -Hiciste un muy buen trabajo. Cuando era niña mis hermanos solían amarrarme, así que estoy acostumbrada. Está todo bien apretado, pero creo que puedo escapar. Aunque me va a tomar mucho tiempo, a lo mejor tres o cuatro horas. Cuando eso ocurra ya será de noche, así que tendré que esperar hasta mañana para ir a casa de los McCovey y pedirles el teléfono.

Sherry vio a su prisionera sorprendida, y sonrió-

            -Lamento tener que dejarte así.

            -Y yo lamento que tengas que estar pasando por esto. Si logras encontrar algo contra tus jefes, creo que habrá muchos que crean en tu inocencia.

Sherry puso una mano en la rodilla de Jeanne y le dio las gracias, para después levantarse.

            -¿No me vas a amordazar?- pregunto Jeanne.
           
            -¿Quieres qué lo haga?

Jeanne la vio con timidez.

            -Bueno… no es muy probable, pero si de casualidad alguien me visita y encuentra antes de que escape, quiero tener una buena razón para explicar por qué no pedí ayuda. Al menos hasta la mañana. En el cajón junto al fregadero hay unas toallas.
Estas toallas eran baratas, Sherry tomó una, la rompió para sacar una tira larga, le ató dos nudos al centro y se inclinó sobre Jeanne para meterle la mordaza en la boca, dándole una palmadita en el hombro antes de silenciarla.
Una vez que hubo atado la mordaza en su nuca, Sherry checó que pudiera respirar.

            -¡Quieres que deje las luces prendidas? No creo que nadie vea la luz desde la calle, y a lo mejor te sientes mejor si no te dejo amarrada en la oscuridad.

Jeanne asintió

            -¿las llaves de tu auto están en tu bolsa?

La prisionera sintió de nuevo.

Sherry salió, buscó las llaves y cuando las encontró volvió a la cocina a volver a revisar a la prisionera. Fuera de estar completamente inmovilizada, Jeanne se veía bien.
            -Gracias, fue lo único que Sherry pudo decir antes de irse. Salió de la casa, y se detuvo antes de llegar al coche, estuvo a punto de soltarse en llanto por la combinación del cansancio, el miedo, y el alivio de saber que había gente en Kermit que creía en su inocencia.
Había sido una mujer la que gritó para que la esposaran muy fuerte, y ahora otra mujer le había dicho que tenía una opinión muy distinta.
Pero las opiniones no importaban, necesitaba pruebas, y aún tenía que encontrarlas. Se metió al coche, lo arrancó, y decidió que iría al lugar donde era más probable encontrar algo esta noche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario