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21 de abril de 2017

Inculpada de Frank Knebel - Capítulo 11

Finalmente ya está terminada la segunda historia de Copper Ryder, la damisela en apuros creada por Frank Knebel y cuyas historias me ha dado permiso de traducir.

Dejamos a Copper y a Amy atadas casi desnudas en el bosque, y a Sherry y a Marie en una trampa mortal en el episodio 10. Hoy todo se resulve.

Espero disfruten el gran final y déjenme saber por comentarios o mail si quieren que continúe con mas de Copper.

Y mientras otra historia llega, aquí pueden consultar la guía de todas las historias de bondage que he publicado





Capítulo 11

El oficial Harry Tyler revisó su revólver para asegurarse de que estuviera cargado. Tenía cinco balas en un cilindro preparado para que el martillo descansara sobre la única cámara vacía. Tyler volteó a ver a Andy Rivera que estaba manejando. Rivera había revisado su pistola antes, mientras Tyler estaba hablando en el radio con el sheriff acerca de su localización y del área en que planeaban buscar, del lado oeste del camino. Los oficiales se desviaron a la zona acordada y detuvieron el coche donde empezaba el área boscosa. Rivera se lamió los labios.
            -¿Crees que sea una trampa, Harry?- preguntó en voz baja.
Tyler suspiró
            -No sé, si va a ser una trampa por lo menos me gustaría tener alguna idea de quien la preparó contra nosotros. El trabajo de un policía no suele ser así, solemos saber a quen perseguimos, a quien queremos salvar y por qué.
Rivera asintió sin dejar de ver los árboles. Tenía 24 años y llevaba uno en el cuerpo. Tyler tenía 10 años más, y nunca había estado en un caso como este, no culpaba al joven por estar nervioso.
            -¿Listo?- preguntó Tyler
Rivera volvió a relamerse y asintió. Sus ojos nunca se separaban de los árboles.
Tyler abrió la puerta del coche y bajó, mantenía su pistola apuntando al cielo por seguridad. Rivera lo siguió, y caminaron al bosque.


Sky seguía vigilando desde el aire y vio a los dos oficiales caminar cautelosos hacia los árboles y luego desaparecer de su vista. Luego su ojo se distrajo por una luz roja en el horizonte y vio que otro carro de policía se estaba acercando. Tenían que ser Winchell y Barnes. Se sentía mejor con alguien con la experiencia de Winch en el caso.
Cuando Sky volvió a posar la mirada en el bosque, vio a uno de los policías correr a toda velocidad de vuelta a la patrulla. Instantes después su radio dejó escuchar una voz.
            -Colibrí, aquí el carro cinco, ¿me escuchas?, cambio.
La voz pertenecía a Rivera, Sky levantó el micrófono y respondió.
            -Aquí el colibrí, carro cinco, ¿qué encontraron?, cambio.
            -Es su sobrina señor Ryder, ella y Amy estaban en el bosque, están amarradas y casi desnudas, pero parecen estar bien.
Sky soltó un suspiro de alivio.
            -Señor Ryder, su sobrina nos dijo que no se detenga y que siga buscando el coche de Wilberforce, la chica Johnson y Marie Sanders están con Dora Wilberforce, son sus prisioneras, y necesitan ayuda, cambio.
-Okay Rivera, trae a Copper al radio para que pueda darme toda la información tan pronto como puedas, cambio.
-Entendido señor Ryder. Se estaba vistiendo, la tendré con usted en un par de minutos, cambio y fuera.
Sky colgó el micrófono y reposó la vista en la carretera que iba al sur, tenía que encontrar ese carro.


Sherry y Marie observaron incrédulas las dos horcas que Dora había colgado de una fuerte rama de un árbol a unos 20 metros de distancia. Al ver sus caras la esposa del banquero estalló en una carcajada histérica propia de un científico loco.
            -Hace sesenta o setenta años en este estado colgaban a la gente por robar ganado -dijo cuando se calmó su risa- Y dado que mi marido se comporta igual que un toro, lo justo es que reciban un castigo igual por habérselo robado.
Se acercó a las mujeres y con cada mano agarró y jaló las piezas de cuerda que había metido dentro de sus genitales. Las dos chicas gritaron al sentir la aumentada presión en la delicada zona de sus cuerpos.
            -Su peor crimen es haber permitido que lo que sienten ahí les haya hecho tomar decisiones- dijo volviendo a jalar. -John no sabe decir que no, pero no las habría buscado si ustedes no lo hubieran incitado en primer lugar.
Las dos mujeres sacudieron sus cabezas violentamente, pero esto sólo provocó que Dora diera otro largo jalón a las cuerdas, las dejó gimiendo por el placer tras sus mordazas por un minuto entero antes de soltar y aligerar la presión.
            -Bueno, suficientes sermones, es hora de ejecutar el castigo.
Se agachó y levantó a Sherry sobre su hombro derecho, después de hacer un gesto estilo militar se puso a marchar hacia el árbol mientras tarareaba la marcha fúnebre de Chopin mientras cargaba a su indefensa víctima rumbo al cadalso.

Sherry se resistió, pero era inútil. Atada como estaba hubiera necesitado horas para liberarse, suponiendo que en algún momento lograra aflojar las ataduras sin ayuda. Gimió tras su mordaza, pero Dora no escuchaba a nada ni a nadie, cuando llegaron al punto donde colgaban las horcas, Sherry perdió toda esperanza de que la mujer fuera a entrar en razón.

            -De rodillas chica
Dora sacó otra pequeña cuerda de su bolsillo, e hizo una conexión estilo hogtie que iba de los tobillos de su prisionera a el lazo que rodeaba su cintura. Entonces, tomó la horca

            -Finalmente ha llegado tu lección de humildad, señorita Johnson, espero que la tomes tan bien como yo tomé la mía.

Puso el nudo alrededor del cuello de la chica y lo apretó. Aún había suficiente cuerda sobrante, de modo que unos centímetros de ella quedaron sobre su hombro desnudo. Dora caminó al tronco a donde había atado el otro extremo de la cuerda, y acomodó el nudo para quitar todo el sobrante de la cuerda. Con un gemido ahogado Sherry se quejó y se estiró todo lo que pudo, tratando de evitar que su cuelo se viera oprimido.
            -Sólo mantente erguida y no tendrás nada de que preocuparte- le dijo mientras terminaba su trabajo -hasta que decida terminar contigo.
Dora se alejó unos pasos disfrutando la imagen de su indefensa prisionera en una trampa mortal. Había lágrimas saliendo de los ojos de la desesperada Sherry, que sacudía la cabeza suplicante.
            -Hay que linda -dijo Dora burlándose mientras se acercaba y apretaba los pezones de la indefensa y desnuda chica en sus manos -Humildad chica, es lo que tienes que aprender, con esa hermosa cara y ese cuerpo es muy sencillo que una chica acabe con un ego enorme. Supongo que te fue sencillo conseguir que mi John se enamorara de ti, pues muy pronto ya no podrás enamorar a ningún hombre, nunca mas.
Pudo haber dicho o hecho mas para atormentar a su indefensa víctima, pero después de eso su atención se centró en Marie. Al ver lo que le hacían a Sherry, y quedándose sola, la otra mujer había pasado el tiempo luchando contra sus ataduras para ponerse de pie, y ya que lo había logrado hizo un intento desesperado de llegar a la autopista dando saltos.
Al verla avanzar poco a poco, Dora rio.
            -¿Vas a algún lado Marie?
Jugando con ella, empezó a seguirla a paso lento.


            -Llamando al Colibrí, llamando al Colibrí, aquí Copper desde el carro cinco, ¿me escuchas tío Sky?, cambio.
Sky Ryder tomó el micrófono rápidamente.
            -¿Eres tú, Copper?, gracias al cielo que estás a salvo.
Copper estaba parada afuera del auto, se había puesto sus pantalones de mezclilla y la blusa color azul cielo que le había dado a Sherry la tarde anterior. La oficial Cole estaba también de vuelta en su uniforme, pero al igual que Copper, ninguna había tenido tiempo de ponerse sus zapatos. Tyler y Rivera estaban cerca del coche con ellas y el sheriff Winchell con el oficial Barnes acababan de llegar.
            -Sí, estoy bien Tío Sky, y también Amy, quiero decir la oficial Cole. Pero tienes que ayudar a Sherry y a Marie, algo horrible le pasó a la señora Wilberforce, creo que enloqueció, las tiene secuestradas y creo que va a matarlas.
            -¿Matarlas?, ¡No es posible!
            -Sí es posible- dijo la chica -cuando me capturó, tenía una bolsa llena de cuerdas, y un par de ellas eran muy gruesas, como las que se usan en las horcas. No usó ninguna de esas cuerdas para amarrar a ninguna de nosotras, y estaba presumiendo que iba a llegar el final del camino para ellas. ¡Tenemos que ayudarlas!
El sheriff Winchell le quitó el micrófono a la chica.
            -¿Cómo crees que debamos proceder Sky?
            -Si Copper vio esas cuerdas, entonces debemos de tomarnos la amenaza en serio- dijo el piloto con seriedad- Me adelantaré a ver si puedo verla, ustedes síganme tan pronto como puedan, cambio.
            -De acuerdo Sky, cambio y fuera.
El sheriff vio a todos los rostros que lo observaban
            -Empecemos, Amy, ven conmigo. Harry, tú y Andy vayan con Copper, mantengan los ojos abiertos y estén atentos al radio.
Segundos después, los dos carros retomaban la carretera.


Marie ni siquiera pensó que su carrera era inútil. Saltó tan rápido como era posible en su apretado bondage, sabiendo que si se caía al suelo sus infinitesimales oportunidades de escapar o encontrar ayuda desaparecerían por completo. Podía escuchar la risa de Dora tras ella, y un par de veces volteó la cabeza a ver que tan cerca estaba su perseguidora. Aunque su captora iba a ritmo de paseo, no le tomó mucho tiempo recortar la distancia con Marie, y a pesar de todo el esfuerzo de la prisionera en alejarse, cualquier testigo hubiera visto que no tenía esperanza.
Sólo por molestar, cada pocos segundos Dora gritaba cosas como “voy por ti”, “te estoy alcanzando” o “será mejor que te apures”. Las voces acabaron de poner nerviosa a la mujer, quien finalmente dio un salto demasiado amplio, perdió el equilibrio y se fue al suelo soltando un grito amordazado que combinaba el dolor del golpe con la frustración.
Dora la alcanzó y la ayudó a sentarse.
            -Ningún hueso roto, ¿verdad?, bueno, aunque los hubiera, no habría tiempo de que se curaran. Te queda poco tiempo de vida. Ven, vamos a regresar con tu amiguita.
Trató de levantar a la prisionera sobre su hombro, pero, presa del pánico, la rubia peleó y no la dejó hacerlo, pateándola y retorciéndose cada que intentaba cargarla. Era como un pez fuera del agua, tratando de evitar las manos de un pescador. Por un minuto o dos lo logró, pero finalmente Dora pudo agarrar la cuerda sobre sus genitales y le dio un buen jalón. El agotamiento, combinado con la sorpresa de sentir la presión en sus partes privadas, hicieron que Marie se detuviera.
            -Así está mejor cariño- dijo Dora con una inusual calma -Vas a arruinar mi peinado.
Se acomodó el pelo y ahora si levantó a Marie sobre su hombro, repitiendo su interpretación de la marcha fúnebre mientras marchaba al árbol destinado a ser patíbulo de las mujeres que había terminado por odiar. Al igual que con Sherry, ató los tobillos de la chica a su cintura con una cuerda estilo hogtie. Marie sollozaba.
            -No te preocupes cariño, esto terminará pronto- Colocó la segunda cuerda alrededor del cuello de Marie y lo ajustó. -Lamento no tener un capellán, pero las dos deben saber muy bien cuál es su pecado, ¿verdad?
El nudo fue ajustado alrededor del cuello de Marie, tal y como había pasado con el de Sherry, y Marie luchó para mantenerse recta y poder respirar. Dora caminó al frente y las contempló, era visible que Sherry empezaba a cansarse de su posición. La captora tomó de nuevo un pezón de cada mujer y apretó, ignorando los gemidos de sus dos silenciadas prisioneras.
            -¿Si entienden que esto no es una venganza, sino un acto de justicia, verdad? Han arruinado la vida de un buen hombre, y también la mía. Deben pagarlo.
Las dos prisioneras voltearon hacia la carretera, y Dora también.
            -¿Qué oyeron? ¿un pajarito? ¿o acaso fue el ángel de la muerte que viene por ustedes? Bueno, ya lo averiguaremos, ¿quieren que les vende los ojos antes de su ejecución?
Con el cuello estirado como lo tenían era imposible decir si alguna de las mujeres había asentido.
            -Bueno, como no me interesa verles más las caras, las tendrán.
Se fue al auto, y regresó con una tela blanca que partió en dos pedazos y que ató sobre los ojos de cada una de sus prisioneras.
            -Todo listo para la ejecución- sentenció.
Dora caminó para terminar soltar las horcas y ahogarlas, y en ese momento se escuchó una voz imperativa.
            -¡Dora Wilberforce! ¡Ríndete!
Era la voz de Sky Ryder, estaba a 50 metros de distancia y tenía su pistola lista en la mano.
Dora volteó a verlo confundida, y lo ignoró alcanzando la cuerda de la horca. Se escuchó un disparo y astillas volaron del árbol, a unos 30 centímetros de su mano, ella volteó a ver al inesperado visitante de nuevo. Sin comprender, volvió a intentar proceder con la ejecución y se escuchó otro balazo. Dora volteó a ver al ranchero por tercera ocasión.
            -¿No quieres que haga esto John?
Los dos carros de la comisaría llegaron en ese momento, y sus ocupantes bajaron, corriendo a donde se desarrollaba el drama.
            -No Dora, no lo hagas- respondió Sky dándose cuenta de que lidiaba con una persona que había perdido la cordura -Por favor, no, no está bien.
Dora suspiró y luego sonrió tímidamente a Sky.
            -¿nos podemos ir a casa Johnny?
            -Sí, hagamos eso.
Caminó hacia él, pero se distrajo cuando Winchell y Tyler corrieron a quitar las horcas de los cuellos de Sherry y Marie. Amy Cole y Copper también corrieron hacia las prisioneras y empezaron a desatar a las dos mujeres. Dora vio lo que ocurría y la mirada enloquecida de sus ojos desapareció momentáneamente.
            -¡Dios Mío!- gritó, y empezó a llorar.
En cuanto Dora colapsó, Amy y Barnes corrieron a asistirla, y el oficial Rivera tomó el relevo de Cole desatando a Marie. Winchell vio con tristeza a la mujer histérica y caminó hacia Sky.
            -Un caso simple que abrimos y cerramos, ¿no Sky?
            -Y todo esto, sólo por dinero, que desperdicio.


Con las manos esposadas, Dora Wilberforce había caído dormida y estaba en el asiento trasero de la patrulla del sheriff bajo vigilancia del oficial Barnes; Marie, vestida con ropas viejas que Sky tenía en su avión para emergencias, también estaba esposada de manos y sentada en la orilla del coche de Tyler, vigilada por éste; Rivera estaba en la radio pidiendo ambulancias; Sky, Copper, Winchell, Amy Cole y Sherry, que vestía un uniforme de repuesto del sheriff, estaban en círculo entre ambos carros. Sherry se estaba disculpando con el sheriff y con Amy.
            -De verdad que no sé que me pasó en la corte- explicó -nunca había hecho nada parecido, ni lo volveré a hacer sheriff.
Luego se dirigió a Amy.
            -A ti te debo una disculpa en particular. Fuiste muy buena conmigo todo el tiempo en que me vigilaste, y te traicioné, también debo ir a disculparme con la enfermera.
            -Y también con Jeanne Hall- añadió Amy -por amarrarla y robarle su coche.
Sherry asintió.
            -Tengo mucho por qué responder, así que será mejor que me arresten.
Se puso de espaldas a Amy y colocó sus manos a la espalda.
            -Espósame, lo merezco.
Amy dudó viendo a Winchell.
            -Bueno, no sé si es necesario.
Sherry volteó hacia atrás sin quitar las manos de donde podían encadenarla.
            -Insisto. Ayer pensaba que estar esposada en una jaula era lo peor que podía pasarme, pero hace apenas unos minutos estaba deseando poder estar en la cárcel.
Amy vio a Winchell de nuevo y le preguntó que debía hacer.
            -Bueno, tenemos que llevarla a la cárcel. Técnicamente es una fugitiva hasta que haya un nuevo veredicto a su favor.
Amy buscó en su cinturón, pero vio que no traía esposas, Winchell le dio las suyas y la policía esposó las manos de Sherry a su espalda. La chica rio.
            -Gracias, ahora me siento segura.
            -¿Qué le va a pasar a la señora Wilberforce sheriff?, preguntó Copper.
            -No lo sé Copper, es un caso muy triste. Los doctores tendrán que examinarla y determinar si está cuerda.
            -Supongo que el impacto de que su marido la abandonara y arruinara sus vidas fue demasiado para ella- aventuró la chica.   
            -Todos lo sentimos por ella Copper- dijo Sky -pero estuvo muy cerca de cometer un asesinato. Sherry aprendió algo sobre no tomarse la ley en sus propias manos, y lo mismo pasará con Dora.
Sherry los vio a todos y volvió a tomar la palabra.
            -Y por cierto, quiero agradecer a todos lo que han hecho por mi estos dos días, y especialmente a Copper y a Sky, que siempre creyeron que era inocente.
Copper abrazó a su amiga esposada.
            -Siempre puedes contar con tus amigas- le dijo sonriendo.


El lunes siguiente, todos estaban en la corte de nuevo. La condena de Sherry fue eliminada a la luz de la nueva evidencia obtenida mediante las confesiones de Marie Sanders y John Wilberforce. Sherry tenía toda una nueva lista de crímenes por los cuales se le podía procesar, sin embargo, ninguna de sus víctimas quiso presentar cargos, e incluso la enfermera Ruth Leeson y Jeanne Hall testificaron a su favor, así que Sherry Johnson salió como una mujer libre.
Sky, Copper y Winchell esperaron afuera de la corte y observaron a Sherry hablar brevemente con unos reporteros, para después alejarse acompañada de su abogado. Otros reporteros y pequeños grupos de espectadores se juntaron alrededor de Ruth Leeson, Patty Brennan, Rita Everett y Liz Martin para oírlas hablar. Jeanne Hall pudo esquivar a la prensa con ayuda de un galán de su oficina.
Los tres se fueron al café de Jeb y dentro Sky vio al guardia del banco, Jeb, escuchando la serie mundial en la radio, se veía miserable.
            -¿Qué pasa George?- le preguntó Sky -¿estás preocupado por el arresto de Wilberforce?
            -Oh no- contestó George rápidamente -se lo merecía, es sólo que…
            -¿Qué?
            -Bueno, aposté 10 dólares con él en la serie mundial, yo iba con los Yankees, pero si los Dodgers ganan el día de hoy, la serie termina, y aunque esté en la cárcel, debo pagarle.
            -Debes tener fe en tu equipo George- le dijo Copper alegre.
            -Los Dodgers tienen a Maglie hoy, y los Yankees van a abrir con el papanatas de Larsen, no creo que…
Se detuvo para oír que el primer lanzamiento del partido fue una bola de Larsen.
            -Voy a sufrir mucho.
Sky, Copper y el sheriff lo dejaron y fueron a una mesa.
            -Todo terminó bien- comentó Copper satisfecha -sólo necesito saber una cosa mas para que esto sea perfecto.
            -¿Qué?- le preguntó su tío.
            -¿Qué nombre le sugeriste a mis padres que me pusieran que prefirieron llamarme Coppelia?- cuestionó sonriendo.
            -Sí, Sky- dijo Winchell -yo también quiero saber.
            -Creo que es un nombre hermoso- dijo Sky sin mucho convencimiento -sólo pasa que es poco común.
Copper se cruzó de brazos y movió la cabeza a un lado.
            -¿Cuál era?- insistió.
Sky dudó y su expresión mostraba que preferiría estar en otra parte, tomó un menú de la cafetería y jugó con el.
            -Era…
Sus acompañantes lo veían expectantes.
            -Gwendolyne- murmuró
Winchell rio y Copper gruñó.
            -Es espantoso tío Sky- dijo, y luego se unió a las risas de Winchell.
Sky fingió estar concentrado en el menú.
            -Sólo ordenemos, ¿ok?
Todos siguieron riendo.


FIN



31 de marzo de 2017

Inculpada de Frank Knebel - Capítulo 10

La penúltima parte de la segunda aventura de Copper Ryder está lista, y tiene a cuatro damiselas en apuros esperando a saber si serán rescatadas. El capítulo anterior de esta historia lo encuentran aquí

Y en este enlace están todas las historias de bondage que he publicado.





Capítulo 10

La Puerta de la habitación se abrió lentamente y Dora Wilberforce se asomó afuera con precaución. Cuando se aseguró que no había nadie afuera, salió y caminó hacia su coche, que había estacionado a un lado del de Marie. Llevaba con ella la bolsa café donde había llevado sus cuerdas, pero ahora la traía casi vacía, y su bolso estaba visiblemente más cargado. Arrojó bolsa y bolso al asiento del copiloto, tomó las llaves que estaban en el auto y fue a la parte trasera del coche, abrió la cajuela y preguntó. -¿tuvo una buena siesta señorita Ryder?
A pesar de que sólo vestía sus calzones, la piel de Copper estaba cubierta de sudor, lo que mostraba el calor que había dentro de la cajuela del auto, estacionado bajo los rayos del sol. La chica no podía ver por tener los ojos cubiertos con cinta, pero volteó en la dirección en que oyó la voz de Dora, y gimió tras su mordaza.
            -No te quejes, no te dejé adentro tanto tiempo- le dijo mientras la sacaba de la cajuela. Aunque no parecía ser una mujer particularmente fuerte, Dora levantó a su prisionera usando su hombro y sin mucho esfuerzo la levantó. Copper se quejó mientras Dora caminaba de vuelta a la habitación del motel.


10 de marzo de 2017

Inculpada de Frank Knebel - Capítulo 9

Todo se acerca al dramático final en este episodio, donde el número de damiselas en apuros atadas y amordazadas se multiplica. El capítulo 8 de esta historia está aquí

Pueden encontrar todas las historias de bondage que he publicado aquí.



Capítulo 9:


            -… Entonces le dije, ‘no es mi culpa que un par de las chicas no hayan venido a trabajar hoy, así que no te desquites conmigo’, es decir, de verdad que debemos contratar a un chico que se encargue de pasar recados o vaya a buscar material al almacén. ¿Qué hago yo si el señor Bell quiere dictarme tres cartas, y aparte me mandan a llevar refrescos a una reunión de departamento, y aparte tengo que sacar mi propio trabajo diario? No puedo además perder el tiempo yendo al almacén, porque ella decidió que le hacen falta más grapas. ¿o sí? –
La joven secretaria le había dado toda esta explicación al hombre de mantenimiento mientras éste caminaba por el pasillo atento a los extraños sonidos del aire acondicionado, que por momentos se detenían. Ella era bajita y rubia, el tenía cincuenta y tantos y vestía una camisa gris de trabajo sobre la que había una placa con su nombre ‘Bert’. Aunque parecía no estar atento a nada de lo que la chica le decía, cuando esta se cayó le preguntó.
            -¿Entonces ahorita vas al almacén?
            -Sí, ¿puedes creerlo? Fui la mejor en la escuela de secretarias, y lo que me saco es viajar al almacén para recoger grapas y tinta.
Bert caminó un poco más, hacia la pared desde la que se oía el ruido, ahí pegó la cabeza y escuchó atento. Estaba tan concentrado que la secretaria olvidó su coraje y se puso a escuchar también.
            -¿Cuántas muchachas había en tu clase?
            -Bueno, sólo éramos cinco, pero aun así creo que…
Fueron interrumpidos por otro sonido, un poco más fuerte que antes.
            -¿Qué es el ruido Bert?
            -No lo sé, pero no es culpa del aire acondicionado, me preguntó si de alguna manera un gato se metió aquí y se quedó atrapado.
Intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave.
            -Qué raro- dijo, y puso sus herramientas en el suelo.
Sacó de su bolsillo un llavero y buscó la llave necesaria para abrir la puerta. Al hacerlo, la secretaria lo agarró del brazo un poco nerviosa y entró junto a él. Cuando Bert prendió la luz, la chica gritó aterrada. Frente a ellos estaba Patty Brennan, cubierta sólo con ropa interior y amarrada a una silla con ruedas. Sus ojos oscuros estaban abiertos de par en par y destacaban en su rostro debido a que la mitad de debajo de su cara estaba cubierta por pedazos de cinta que la mantenían amordazada. La prisionera gimió suplicando que la ayudaran.


10 de febrero de 2017

Inculpada de Frank Knebel - Capítulo 8

Esta vez traducir el siguiente capítulo de la segunda aventura de Copper Ryder me tomó menos tiempo que antes. Aunque la razón para haberlo logrado no es nada grata. Resulta que me encuentro desempleado pues la empresa en la que estaba entró en crisis, y se puso a recortar personal no viendo la capacidad y el compromiso de cada persona, sino de cuanto era la quincena para dejar sólo a los más baratos.
Lo malo es que estuve desarrollando un proyecto para ellos más de un año, y ahora lo congelaron en la meta, y no tengo garantía de que cuando lo retomen sea conmigo.
Lo peor es que descubrí que la empresa no tiene una pizca de ética. En cuanto te hacen renunciar (que fue mediante un engaño) se olvidan de ti, dejan a una compañía de outsourcing para indemnizarte con menos dinero de lo que te corresponde por ley, y cuando a la empresa de outsourcing se le olvida que existes y no te toman ni las llamadas, tu exempresa se lava las manos, te dice que nunca tuviste contrato con ellos, y que no van ayudarte ni siquiera para que alguien más te de una fracción del dinero que te corresponde. Podrían al menos tratarte como a una persona, y ver que, si no lo justo, algo recibas para seguir adelante.
Pero bueno, mis corajes de poco les importarán, y yo solo ando aprovechando para sacar la rabia que me da. De todo lo malo sale algo bueno, y trataré de emprender yo sólo mi proyecto, que llevo años intentando sacar pero siempre es frustrado en cada empresa donde he laborado. Mejor no depender de nadie y salga bien o mal, será cosa mía.

Todo esto era porque de ese despido me salió el tiempo para traducir esto más rápido, así que los fans de Copper Ryder algo bueno sacaron jejeje. De cualquier modo, gracias por la paciencia y espero que la sigan disfrutando.

Tengo pendientes otros tres episodios de esta entrega, antes de poder pasar a las demás. Pero en el episodio de hoy las fichas se ponen en su lugar para el gran final, y pronto tendremos a todas las protagonistas bien atadas y amordazadas jejeje.

El episodio anterior de esta serie lo encuentran por acá

Todas las historias que he publicado están aquí 

Episodio 8


El altímetro del Cessna Bobcat T-50 marcaba que estaba a 1,000 pies de altura mientras Sky Ryder seguía la autopista al sur de Kermit. Cuando el camino empezaba a virar levemente al sureste, Sky vio un carro de policía bajo el. Tomó el micrófono de la radio.
            -Llamando al carro 1 de la comisaría, aquí El Colibrí, ¿me escuchas?, cambio.
Winchell asomó por la ventana del lado del copiloto en el auto y tomó su radio. Charlie Barnes estaba manejando.
            -Aquí Winchell en el carro uno Sky. Te vemos, ¿algo que reportar?, cambio.
            -Aún no Winch. ¿Has tenido noticias de alguno de los otros carros?, cambio.
Antes de que Winchell pudiera responder se escuchó una tercera voz.
            -Sheriff, aquí MacKeever en el carro dos. Norris y yo estamos a quince millas de la ciudad y avanzamos por la ruta 93 al sur. Aún no hay señal del sospechoso, cambio.
Después se oyó la voz de Harry Tyler
            -Aquí el carro cinco, estamos a una milla de la ciudad y vamos a tratar de alcanzarlos, cambio.
            -Este es El Colibrí, me adelantaré a ver si veo al sospechoso, espero que no hagan nada para espantarlo, cambio.”
            -Ya escucharon- terció Winchell -ni sirenas ni luces, a menos que sea estrictamente necesario, cambio.
El resto de los carros se dio por enterado, y terminó la conversación.
Sky aceleró y pronto dejó los autos atrás. Revisó su reloj, eran las 8 de la mañana. Si el cantinero tenía razón, Wilberforce tenía una hora de ventaja sobre ellos. Suponiendo que manejara de acuerdo al límite de velocidad para no atraer atención, Sky podría alcanzarlo en máximo 30 minutos. Los carros tardarían más, así que, en cuanto lo viera, también tenía que evitar asustarlo. Lo único que sabía era que tenía que hallar a Copper.


Marie Sanders no notó el carro azul detrás de ella hasta que pasó los edificios cercanos al límite este de la ciudad. Era un vehículo que avanzaba muy por detrás de ella, y tomó la misma salida por un camino local secundario. Tal vez no fuera nadie, pues por ese mismo camino había varios ranchos, pero decidió mantenerse alerta hasta que el coche desapareciera.


Sherry Johnson estaba harta de que la vieran. Dentro de la ciudad era más fácil seguir a otro vehículo al confundirse con el tráfico, pero en este camino rural, iba a ser muy fácil que la descubrieran, debía tener mucho cuidado.
            -¿y viste el peinado que tenía?
La más bajita de dos cajeras se cubrió la boca con la mano, pero fue muy tarde para evitar que el ruido de la risa que trató de esconder se escuchara fuera del baño, donde se maquillaba y charlaba con su amiga.
            -Bueno, el peinado tenía más estilo que su vestido- le respondió su amiga alta cuando pararon de reir -se veía como algo que mi madre habría sacado del desván en un momento de extrema necesidad. Era totalmente espantoso.
Las dos volvieron a carcajearse, hasta que la más bajita se detuvo y alzo su mano. Parecía estar escuchando el sonido del aire acondicionado en el edificio.
            -¿No escuchas algo chistoso Connie?
La alta aguzó el oído. Había un débil, pero peculiar sonido, una especie de gemido que, o era parte de la maquinaria, o estaba ahogado por el ruido de esta. La alta alzó una ceja.
            -Parece que en cualquier momento se va a descomponer el aire acondicionado ¿no?
La bajita asintió.
            -Será mejor decirle a Bert que revise.
Acordado eso, las dos chicas volvieron a maquillarse y a chismear.


Copper Ryder conocía prácticamente todos los caminos en y alrededor de Kermit, pero éste era nuevo para ella. Nunca había escuchado del motel Saddle Tramp y no había ningún letrero con señales que la orientara. Como había estado tirada en el suelo cuando Marie la tenía amarrada y la llevó al lugar, ni siquiera sabía en que dirección se encontraba respecto a su rancho, así que no tenía ni idea de hacia donde caminar para encontrar ayuda.
            -Supongo que simplemente tendré que escoger una dirección- se dijo en voz alta.
El vestido de Marie era de escote abierto y muy ancho para la talla de Copper. Como la chica se había quedado sin sostén, tenía que sostenerlo con sus manos para evitar que sus pechos quedaran descubiertos. La minifalda le causaba menos problemas, ya que por su altura le cubría más pierna de la que estaba pensada, pero Copper deseaba que Marie hubiera dejado un par de zapatos, para no tener que andar descalza sobre la arena y el pavimento.
Viendo la posición del sol para identificar donde estaba el norte, la chica comenzó a caminar en esa dirección.


Marie manejó frente al rancho de La Diadema Voladora en su viaje al sur. Unos kilómetros más por este camino, y encontraría una desviación, por donde podría llegar al motel. Planeaba cumplir la promesa que le hizo a Copper y quitar el letrero de ‘no molestar’ de la puerta para que, eventualmente, una mucama la encontrara. Después de todo no le deseaba ningún mal a la chica, quien solo había querido ayudar a una amiga.
Estiró la mano al asiento del copiloto y levantó su bolso. Pesaba por todo el dinero que tenía adentro. El paquete que John se había llevado estaba pesado también, y Marie se preguntó si ya habría descubierto el engaño o no. No, tenía tan poca serenidad que seguramente había huido sin revisarlo, y se llevaría una desagradable sorpresa muy tarde. Se lo merecía. Pensó también como Sherry y Copper eran mucho mejores amigas que ella y Johnny.
Revisó su retrovisor, y vio que el coche azul aún la seguía.


La oficial Amy Cole se acercó a la intersección entre el camino de terracería que venía explorando y la carretera estatal que iba de norte a sur. En ese lugar había una gasolinera y una pequeña tienda de abarrotes, pero ambas llevaban abandonadas hace años. Mientras se acercaba al lugar, vio como un auto rojo pasó por el camino al que se dirigía a toda velocidad. En cuanto su patrulla llegó a los edificios abandonados, un sedán azul también cruzó por el mismo camino y en la misma dirección. Aunque la oficial no alcanzó a ver la plaza, no le cupo la menor duda, era el coche de Jeanne Hall, así que acababa de encontrar a Sherry Johnson. Estaba a punto de encender sus sirenas, cuando se le ocurrió que tal vez Sherry no la había visto por estar cubierta por los dos edificios en la esquina, por lo que optó por seguirla a lo lejos, en vez de perseguirla, y averiguar a donde se dirigía.


Sky Ryder vio un sedán gris en el camino bajo su avión. John Wilberforce tenía un carro como ese. Aunque era muy probable que fuera quien buscaba, el aviador no podía acercarse muy pronto. El primer carro de policía, con MacKeever y Norris estaba kilómetros atrás, y el de Winchell más lejos aún. Era una situación delicada, pero Sky quería estar seguro de que se trataba del banquero, así que movió la palanca de control y comenzó a descender.


John Wilberforce vio su reloj. Eran las 9 de la mañana, o sea que en Nueva York ya eran las 11. En dos horas mas, el juego de la serie mundial comenzaría. Iba a disfrutar escucharlo en su radio. Pensó en su apuesta con George, el guardia de seguridad, y rió. No importaba quien ganara, George se quedaría con los 10 dólares. Pero el ganaba mucho más, así que valía la pena.
El aire que entraba por su ventanilla abierta no le permitía oír nada. Pero le llamó la atención el repentino movimiento de algo oscuro en la arena a su derecha. Era la sombra de un avión.

Lo buscó en los espejos, y finalmente asomó por la ventanilla y vio hacia arriba. Era una aeronave de doble hélice que se le estaba acercando conforme descendía. Finalmente la nave lo rebasó, viró a la derecha y se alejó. Un pensamiento cruzó la mente de Wilberforce: ¡Sky Ryder!, y donde quiera que estuviera Sky, el sheriff no estaba lejos.
El banquero apretó el acelerador, pero el avión volvió a acercarse por detrás, y volvió a rebasarlo dando giros.


            -¡A todos los carros de policía, aquí el Colibrí! Me ha visto y está tratando de huir. Carro dos, están en mi campo de visión, aceleren, yo voy a intentar retrasarlo en lo que ustedes llegan.

Wilberforce metió a fondo el freno cuando el avión bajó hasta colocarse frente a el tras descender por la izquierda, cuando la nave volvió a volar volvió a acelerar a fondo, sólo para detenerse en seco de nuevo minutos después cuando Sky lo volvió a atacar, ahora por su flanco derecho. El banquero espero a que se alejara e intentó huir de nuevo, pero era incapaz de anticiparse a los movimientos del aviador, que cada que daba una vuelta en el aire volvía a descender sobre el fugitivo, forzándolo a parar y dando tiempo a la policía de llegar.
Wilberforce estaba tan ocupado viendo el cielo para cuidarse de Sky, que no vio un camión de carga que llevaba paja moverse lentamente frente a él. Cuando lo notó, era tarde, y sólo pudo dar un volantazo que lo sacó del camino. Ahí, golpeó una pierda que provocó que su sedan se volcara. Sobre el techo, el vehículo avanzó sobre la arena hasta frenarse en una duna. La cabeza del banquero se estrelló en el parabrisas, la persecución había terminado.


Marie Sanders apenas podía creer lo que vio cuando llegó al cuarto del motel. La cama estaba vacía, y las cuerdas que habían atado a Copper Ryder estaban regadas en la cama y el suelo. Se puso a pensar que hacer, ¿debería buscar y volver a capturar a la chica? ¿o era mejor dejarlo ya todo y huir lo más pronto posible?
Pensó también en el sedán azul. Lo había dejado de ver durante la última parte del viaje, pero se trataba de un camino con muchas más curvas, así que era posible que no hubiera dejado de seguirla. Lo mejor era ser precavida.
Se asomó por la ventana y buscó, pero no había nadie. Aun así, sacó la pistola de su bolso.


Sherry Johnson se acercó al motel con cuidado. Había dejado el coche aparcado varios metros atrás, escondido de la vista de cualquiera en el lugar por unos árboles. El estacionamiento parecía desierto, y sólo se veían un par de coches. Ninguno de ellos era el auto rojo de Marie, aunque la chica adivinó que había más lugares donde aparcar fuera de su vista, atrás de una hilera de habitaciones. Manteniéndose tan oculta como podía, caminó hacia allá.
Sólo había un auto estacionado, era el deportivo rojo de Marie. Sherry sacó su pistola del cinturón y estaba a punto de girar en la esquina de la hilera de habitaciones, cuando una fría voz de mujer la detuvo.
-Detente ahí mismo, te estoy apuntando, suelta tu pistola y sube las manos.
Sherry soltó la pistola y colocó las manos sobre su cabeza.
            -Ahora colócate de cara a la pared, y separa bien tus piernas y brazos.
La mujer hizo lo que le ordenaban, y escuchó las pisadas que se acercaban sobre la grava.
            -Si haces cualquier movimiento repentino, me vas a obligar a dispararte- dijo la mujer que estaba detrás de ella.
            -No voy a hacer nada, pero por favor, baja la voz, o ella puede escucharnos.
El candado de un par de esposas fue colocado en su muñeca derecha, luego sus manos fueron colocadas a su espalda, y su muñeca izquierda fue bajada y también colocada en el aparato, que fue apretado con varios clicks, apresándola.
La oficial Amy Cole guardó su revólver, y volteó a su prisionera para verla de frente.

            -Me causaste muchos problemas Sherry- dijo Amy secamente, -pero haberte atrapado hoy me compensa por la vergüenza que pasé al dejar que te escaparas ayer.
            -Lo siento por haber tenido que hacer lo que hice oficial. Pero sé quién se robó realmente el dinero del banco, fue Marie Sanders, la nueva secretaria del señor Wilberfoce, y justo ahora está en alguna de estas habitaciones.
Amy se asomó y vio el único vehículo estacionado
            -¿es ese su coche?
            -Sí, y estoy casi segura de que tiene el dinero con ella.
Amy vio con sospecha a la fugitiva que acababa de atrapar.
            -Mira Amy- suplicó Sherry -ya sé que tienes que arrestarme, y no hay duda de que me merezco estar esposada por lo que he hecho. Pero por favor, arréstala a ella también, bajo cualquier pretexto que puedas. Tienes que detenerla ahora, o se va a escapar y nunca la volveremos a ver.
Amy meditó alrededor de medio minuto. Tras ver una vez más el coche rojo, tomó una decisión, pero en vez de decir nada, sus manos alcanzaron el cinturón de Sherry, el cual desabrochó y le quitó, luego desabotonó sus pantalones y se los bajó hasta el suelo.
            -Quítatelos
Sherry estaba intrigada, pero obedeció.
            -Siéntate- ordenó Amy.
La chica se sentó en la orilla de la banqueta. Amy le quitó los zapatos y los calcetines, y usó el cinturón para amarrarle los tobillos, luego aventó los pantalones de mezclilla entre unos arbustos.
            -La arrestaré, pero antes me voy a asegurar que te quedes quieta, y que no se te ocurra hacer ruido.
Dicho esto, sacó un pañuelo de su bolsillo y lo hizo bola.
            -Supongo que me merezco esto- dijo la chica suspirando.
            -Te lo mereces- dijo Amy sin compasión al tiempo que le metía la tela en la boca. Luego se aseguró de que no pudiera escupirlo, completando la mordaza con uno de los calcetines que le acababa de quitar. Dio unos pasos atrás para ver su trabajo, dando la espalda al coche rojo.
            -No es tan apretado como la manera en que tú me amarraste a mi, pero tendrá que ser suficiente.
Mientras decía esto, Amy empezó a sacar la pistola de su estuche, cuando vio que los ojos de su prisionera se abrían con urgencia, y luego sintió algo duro clavarse en su espalda.
            -Suelte su pistola oficial- le ordenó Marie.
Con un gemido de frustración, Amy alejó la mano de su arma, y Marie sacó esta del estuche, luego hizo a la policía darse la velta y exclamó.
            -Parece que están jugando un juego muy divertido aquí afuera, ¿por qué no pasan a mi habitación?, así podré jugar yo también.


Dora Wilberforce estaba perdida. Había usado el mapa en el directorio para tratar de llegar al motel Saddle Tramp, pero desde su coche todos los caminos parecían ser diferentes. Se había detenido a preguntar en una gasolinera y preguntado. El empleado había asentido ante una pregunta familiar. Luego le había comentado a otro cliente ahí parado que preguntaba por el motel de los secretos, ambos la vieron obscenamente apreciando su cuerpo, y le preguntaron que llevaba en una bolsa de papel que tenía en el coche. Cuando les dijo que no era su asunto ambos rieron, pero finalmente le dieron indicaciones.
Pero después de esto, había vuelto a perder el rumbo, los caminos parecían tener nombres equivocados, y llevaba un buen rato dando vueltas sin rumbo. Estaba a punto de rendirse cuando vio la tienda abandonada que le habían dado en la gasolinera como referencia. Ese camino si tenía el nombre adecuado, así que se metió por el, poco más adelante, vio un letrero, señalando el rumbo del motel, por fin iba bien.
Dora sacó la pistola que tenía a la mano en la bolsa de papel, pensando que tal vez la necesitara pronto. En caso de que se encontrara a Sherry o a Marie, dentro de la bolsa llevaba el resto del material que necesitaría.


Copper Ryder avanzaba cansada por el camino. Había sido cuidadosa de que no la vieran al principio de su escape, temerosa de que Marie la viera al regresar al motel: Cuando la chica vio una nube de polvo en el camino, que indicaba un coche acercarse, se había escondido entre unos arbustos bien metidos fuera del camino. Ahí estuvo hasta que vio pasar el coche rojo de su antigua captora. Después había visto mas polvo, y la joven permaneció oculta ante la posibilidad de que se tratara de John Wilberforce u otro aliado de Marie. Copper no había reconocido el sedán azul que pasó y que seguía al auto de Marie.
Una vez que se alejaron, y antes de que pudiera volver al camino, había visto una patrulla avanzar por el camino, tratando de llamar la atención de alguno de los oficiales del sheriff la chica había corrido y agitado las manos, pero el conductor no la había visto. Agotada, pero sabiendo que todos sus posibles problemas ya habían pasado, la chica continuó su rumbo, ahora sin intención de esconderse, era cuestión de tiempo para que un auto más apareciera y le ofreciera un aventón.
Otro carro apareció dirigiéndose a ella. Desesperada por encontrar ayuda, la chica se paró en medio del camino para que se detuviera, mientras agitaba las manos para asegurar que la vieran. Le parecía imposible que fuera nadie que estuviera aliada con Marie.
El coche, que era de color verde claro y claramente muy caro, se detuvo. Copper corrió para cubrir la distancia que los separaba y abrió la puerta del copiloto
            -¡Por favor!, necesito ayuda, me secuestraron y…
Se detuvo en seco al ver que la mujer que conducía era Dora Wilberforce.
            -Vaya señorita Ryder, se te ve muy mal ¿qué te pasó?
Copper estaba perpleja, y no encontró que decir.
            -¿Está algo mal cariño?
            -Eh… pues no señora Wilberforce, sólo estoy sorprendida de ver a alguien que conozco, no lo esperaba.
            -¿Tal vez estabas esperando a tu amiga Sherry?
La manera fría en que dijo el nombre de su amiga la dejaron inquieta.
            -Mire, señora Wilberforce, se lo que usted y otras personas creen que hizo Sherry, pero todos están equivocados, pero ahorita no importa si soy amiga de Sherry o no, ¡necesito ayuda!
Dora la vio con simpatía.
            -Claro cariño, súbete al auto.
Copper se metió, pero al hacerlo tiró sin querer la bolsa de papel al suelo, todo su contenido se salió y regó por el suelo del auto. Copper se agachó para recogerlo, y descubrió que se trataba de muchos metros de cuerdas, tanto de algodón como de cáñamo. Además había telas y dos rollos de cinta adhesiva ancha y unas tijeras. Copper quedó perpleja, pero al poco empezó a guardar todo en la bolsa. Sin embargo, no pudo evitar hablar.
            -Cuanta cuerda traes. ¿para qué es?
Al enderezarse se encontró con el cañón de la pistola de Dora apuntándole, y con la mujer sonriendo malévolamente.
            -Pues son para ti, y para tus amigas cariño.


John Wilberforce abrió los ojos. Su cabeza le dolía de nuevo, pero ahora no por la resaca del alcohol. Se llevó la mano a la frente y vio sus dedos ensangrentando señalando su herida. Viendo fuera del auto alcanzó a ver dos autos acercarse y detenerse cerca de él a un costado de la carretera, también vio, más a lo lejos, el camión con el que estuvo a punto de estrellarse, y que también se había salido del camino. El conductor de este camión había bajado y corría hacia él. También vio las luces rojas de los autos de la policía.
Al poco se dio cuenta que, a pesar del dolor, no tenía heridas serias. Probó todas sus extremidades y podía moverlas sin problemas, pero si estaba mareado, y por eso el ruido de un avión bajando hacia la arena, aterrizando a una distancia prudente y levantando al hacerlo una nube de polvo le pareció irreal, esto a pesar de que la arena se le metió en los ojos.
Lo que si fue una alucinación fue el imaginar billetes de cincuenta dólares alrededor de su cabeza, pero esto lo volvió a la realidad. ¡el dinero! El paquete estaba abierto y las turbinas del avión estaban causando que se regara por todo el lugar. Instintivamente empezó a atraparlo, y entre sus dedos ensangrentados vio dos billetes de un dólar, y un montón de recortes de revistas y periódicos.
Entonces se dio cuenta, ¡esa bruja de Marie lo había traicionado! Casi acababa de morir, y lo había hecho por no más de cien dólares en efectivo y un montón de papeles. Y lo peor es que ahora lo iban a meter en la cárcel.
Sin saber si reír o llorar, hizo las dos cosas a la vez.




Saludos y hasta la próxima.